De George Best a Paul Gascoine

La retirada de un futbolista supone en algunas ocasiones un impacto psicológico que algunos profesionales no saben manejar

 

Futbolista. Un sueño para muchos y una realidad para pocos. Pero la realidad a veces se torna en pesadilla. La vida de un futbolista, en sus años en activo, conlleva muchos beneficios: dinero, reconocimiento internacional, viajes, invitaciones a ceremonias importantes, etc. Pero lo más significativo, por lo que algunos profesionales suspiran o suspiraron, es la gloria. Como el buen y ambicioso gladiador en el Coliseo Romano, un futbolista juega no sólo para recibir algo a cambio, sino para recibirlo todo; es decir, la admiración diaria del pueblo, el interés por sus habilidades en el terreno de juego, la gloria.

George Best, un escándalo dentro y fuera del campo

Y cuando el futbolista deja de competir, generalmente con menos de 40 años, tiene vida por delante con una fortuna que debe saber administrar y un tiempo libre que debe cubrir. Algunos lo hacen con nuevos negocios, otros en los medios de comunicación e incluso en la política. Pero hay un grupo que, sin la gloria, termina en adicciones que conducen a la perdición.

En la premier league hay dos jugadores que encajan perfectamente en este perfil: George Best, el quinto Beatle, y Paul Gascoine.

Best, valorado por muchos como el mejor futbolista de la liga inglesa en todos los tiempos, falleció el 25 en noviembre de 2005 a los 59 años tras una trayectoria impecable como profesional, pero con una vida llena de escándalos y excesos debido a la adicción al alcohol y su insaciable vida nocturna.

En un año histórico para el Manchester United, tras la despedida de Sir Alex Ferguson como entrenador tras 27 años en el cargo, es mandatorio hablar de Best. Su habilidad para el regate, la rapidez en la conducción y los cambios de dirección a una velocidad vertiginosa dieron vida a una hinchada marcada por la tragedia de Múnich en 1958, donde ocho de los 15 integrantes de la plantilla de los diablos rojos perdieron la vida en un accidente aéreo.

Tres décadas más tarde, Paul Gascoine, valorado como uno de los mejores centrocampistas del fútbol británico, empezó a seguir el camino dramático de Best. Tan bueno como imprevisible, Gascoine era conocido por su rebeldía y sus problemas con las drogas y el alcohol, culpables, junto con las lesiones, de su retirada de los terrenos de juego en 2004. Desde entonces, estos problemas se han agudizado y en los últimos días fue fotografiado ebrio e inconsciente en la puerta de un hotel tras una noche de fiesta. Sus amigos más cercanos han confesado al diario “The sun” que el ex jugador de, entre otros equipos, Newcastle y Tottenham, “podría morir en cuestión de semanas”.

Son historias de dos jugadores que, a pesar de tener antecedentes de una mala vida cuando estaban en activo, no supieron encajar su retirada de lo que mejor sabían hacer: jugar al fútbol. Y es que, aunque cualquier jubilación produce un impacto psicológico muy grande, la profesión de futbolista tiene unas variables tan distintas que, en ocasiones, hace más difícil enfrentarse a una nueva realidad. La fama se paga, pero a veces a un precio muy duro.

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