El Leicester City se mira en el espejo del Blackburn

Pasan los meses y el Leicester City no afloja. Los de Claudio Ranieri llegan a la recta final de enero como líderes de la Premier League, con tres puntos de ventaja sobre el Manchester City y el Arsenal, segundo y tercero clasificados, y siendo el equipo de la élite del fútbol inglés que menos partidos ha perdido (dos). Hay quien ya le compara con el Blackburn Rovers campeón de la temporada 94/95. El gran sueño del King Power Stadium empieza a parecer real.

Siempre que un equipo humilde arranca la competición fuerte, el primer pronóstico que suele hacerse es que bajará el ritmo. Plantillas a priori diseñadas para luchar por la permanencia y con un valor económico muy inferior al de los teóricos candidatos. Un buen comienzo puede verse para un conjunto como el Leicester como una suma de puntos que no tiene que hacerse al final del curso. La consecución de un colchón importante que le permitirá cumplir su verdadera meta. Sin embargo, lo de los Foxes ya no es una salida ilusionante. A punto de llegar a febrero, en lo más alto de la clasificación se ve a un sorprendente y modesto líder, codeándose con un histórico como el Arsenal y un favorito con muchos millones como el Manchester City, a los que en este momento supera.

La campaña del Leicester City es una oda al fútbol más romántico. Una epopeya que arranca con el curioso aterrizaje del entrenador que va camino de un milagro. El italiano Claudio Ranieri, un veterano curtido en diversas ligas europeas (Italia, España, Inglaterra, Francia…) y en banquillos acostumbrados a una gran presión. El ex técnico de Roma, Juventus, Inter, Valencia, Atlético de Madrid o Chelsea (entre otros) venía de una corta y calamitosa etapa como seleccionador en Grecia. Se ofreció el pasado verano para dirigir a un club que había sufrido mucho para mantenerse en la Premier. El Leicester City aceptó.

Y Ranieri montó un equipo muy disciplinado, paciente y autor de un fútbol muy sencillo y efectivo. Con una táctica trabajada hasta el más mínimo detalle y sin ninguna complicación en defensa. Su juego se basa en el orden. Con la pelota en sus dominios es directo y profundo. Un estilo que ha permitido la explosión de futbolistas como Vardy, su goleador, o el habilidoso extremo franco-argelino Mahrez, unido al gran rendimiento de hombres como el interior zurdo Marc Albrighton o el eléctrico japonés Shinji Okazaki. Un cuadro sin fisuras y que crece desde la unión. Se ha acostumbrado a no perder y da la impresión de sentirse muy cómodo en la primera posición. El Leicester City ha aprovechado como nadie el bajo nivel mostrado este año por los considerados grandes de Inglaterra.

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Arsenal y Manchester City están arriba, pero su irregularidad es tal que es como si no quisieran hacerse con el título. Al Liverpool le queda mucho trabajo por hacer junto a Jürgen Klopp antes de volver a ser candidato. El Manchester United vive en una eterna crisis de resultados y de juego que le sitúa muy lejos (a diez puntos) de la cabeza. Mientras, el Chelsea ha mejorado un poco con Guus Hiddink, pero su puesto y su puntuación distan mucho de los esperados al principio: decimoterceros con 28 puntos, más cerca del descenso que de posiciones europeas. 

Los "mejores" están fallando y el Leicester City se ha encaramado a una cumbre que no le correspondía ni en la más optimista de las apuestas. Desde que la liga inglesa se llama Premier League, la primera edición fue en el ejercicio 1992/1993, Manchester y Londres se han repartido el título en todas las temporadas menos una: la 1994/1995. Entonces, contra todo pronóstico, el Blackburn Rovers (que contaba en sus filas con un tal Alan Shearer) sorprendió al mundo subiéndose al trono británico. Leicester, la octava población de Inglaterra, se aferra a ese precedente único. Aquel año también se decía que el Blackburn no aguantaría el tirón.

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